En una tierra no muy lejana, vivía una niña que amaba el maní. El suelo de esa tierra era muy fértil y por eso la madre de la niña cosechaba café y lechuga; mientras su padre hacía los mas bellos zapatos y figurillas de mármol. En aquél lugar todos eran felices, los niños comían dulces de anís manipulados químicamente para que no les causaran caries. Pero un buen día comenzó a generarse un déficit, por suerte el ídolo de la comunidad estaba ahí para sacarlos de aquella crisis y efectivamente así fue, Ricardo Montenegro el mejor economista de aquella tierra resolvió el problema y todos volvieron a ser felices.